Tras varios meses de prácticas en CERMIN, Leire Albisu, estudiante del Grado Superior de Promoción de Igualdad de Género, hace balance de una experiencia que define como “enriquecedora tanto a nivel profesional como personal”. Su paso por la entidad le ha permitido profundizar en la discapacidad desde un enfoque de derechos, igualdad y justicia social, descubriendo la importancia de la incidencia política, el trabajo en red y la accesibilidad como herramientas clave para construir una sociedad más inclusiva.
Desde CERMIN queremos agradecer a Leire su implicación, interés y compromiso durante estos meses de prácticas. Para nuestra entidad, acoger a estudiantes supone una valiosa oportunidad para compartir conocimientos y contribuir a la formación de futuras profesionales. En el caso de perfiles como el de Leire, vinculados a la Promoción de Igualdad de Género, esta experiencia resulta especialmente enriquecedora por la importancia de incorporar una mirada interseccional que tenga en cuenta la realidad de las mujeres y niñas con discapacidad.
En esta entrevista compartimos los aprendizajes, reflexiones y retos que han marcado su estancia.
¿Cómo describirías tu experiencia de prácticas en CERMIN y qué aprendizajes te llevas de estos meses?
Describiría mi experiencia de prácticas en CERMIN como una etapa muy enriquecedora, tanto a nivel profesional como personal. Ha sido una oportunidad para acercarme de verdad al ámbito de la discapacidad desde una mirada mucho más amplia, crítica y humana. Desde el principio me he sentido acogida por el equipo, y eso me ha permitido aprender con confianza, preguntar, observar y participar poco a poco en el funcionamiento diario de la entidad.
Uno de los aprendizajes más importantes que me llevo es haber entendido que la intervención social no siempre se realiza desde la atención directa a personas usuarias. En CERMIN he descubierto una forma de intervención muy necesaria: la representación, la coordinación entre entidades, la incidencia política, la sensibilización social y la defensa de derechos. Me ha ayudado a comprender que para transformar la realidad también hacen falta reuniones, propuestas, informes, espacios de participación, trabajo en red y mucha planificación.
También me llevo una idea muy clara: la igualdad y la inclusión tienen que traducirse en accesibilidad, recursos, participación real y cambios estructurales. Esta experiencia me ha hecho valorar muchísimo el trabajo que hay detrás de cada actividad, cada jornada, cada documento y cada reivindicación.
¿Ha habido algún proyecto o actividad que te haya marcado especialmente? ¿O de las que te lleves un recuerdo especial?
Sí, sin duda me llevo un recuerdo muy especial del viaje a Madrid para participar en el II Encuentro Anual de la Fundación CERMI Mujeres. Fue una experiencia muy intensa y muy significativa para mí, porque me permitió salir del contexto habitual de la oficina y ver el trabajo de CERMIN desde una dimensión mucho más amplia.
Allí pude observar cómo se comparten realidades entre diferentes territorios, cómo se crean alianzas y cómo se abordan temas muy importantes relacionados con las mujeres y niñas con discapacidad. Me impresionó ver la fuerza del trabajo colectivo y la importancia de escuchar experiencias distintas para construir respuestas más justas y adaptadas a la realidad.
Además, fue una experiencia que me hizo sentir muy afortunada. En ese momento estaba muy centrada en observar, escuchar y tomar notas, pero después fui siendo más consciente de todo lo que estaba viviendo. Me di cuenta de que estaba participando en un espacio con mucho valor profesional y humano, y eso me marcó bastante. Me ayudó a entender que la promoción de la igualdad también se construye desde las alianzas, la presencia institucional, la escucha activa y la capacidad de trasladar las demandas a espacios donde se toman decisiones.
¿Qué es lo que más valoras de haber realizado las prácticas en una entidad vinculada a la discapacidad?
Lo que más valoro es que estas prácticas me han abierto mucho la mirada. Antes podía tener una idea general sobre la discapacidad, pero estar en CERMIN me ha permitido comprenderla desde un enfoque de derechos, de igualdad y de justicia social. He aprendido que la discapacidad no debe entenderse solo desde la persona, sino desde las barreras que existen en el entorno.
Valoro especialmente haber visto que muchas dificultades no vienen de la discapacidad en sí, sino de la falta de accesibilidad, de los prejuicios, de la infantilización, de la falta de recursos adaptados o de la escasa participación en los espacios de decisión. Esto me ha hecho cambiar la forma de mirar la realidad y también la forma de pensar la intervención social.
También valoro mucho haber estado en una entidad que trabaja desde la coordinación y la incidencia. Me ha parecido muy interesante ver cómo CERMIN actúa como una voz colectiva que recoge necesidades, las organiza y las traslada a instituciones y espacios sociales. Me parece una labor imprescindible para que las personas con discapacidad y sus familias no queden al margen de las decisiones que afectan a sus vidas.
Antes de llegar a CERMIN, ¿Qué visión tenías sobre la discapacidad? ¿Ha cambiado algo después de tu estancia en prácticas?
Antes de llegar a CERMIN tenía una visión más limitada de la discapacidad. Sabía que existían desigualdades y barreras, pero no era plenamente consciente de hasta qué punto la sociedad sigue sin estar pensada para todas las personas. Creo que mi mirada era más general y menos profunda.
Después de mi estancia en prácticas, mi visión ha cambiado mucho. Ahora entiendo la discapacidad desde un modelo social y de derechos. He comprendido que no se trata de “adaptar” a las personas a la sociedad, sino de transformar la sociedad para que todas las personas puedan participar en igualdad de condiciones.
“He aprendido la accesibilidad no es algo secundario, sino una condición básica para que exista igualdad real. Sin accesibilidad física, comunicativa, cognitiva y actitudinal, muchas personas quedan directamente excluidas”.
Desde tu formación en Igualdad, ¿Cómo ves la relación entre género y discapacidad?
Desde mi formación en Igualdad, considero que la relación entre género y discapacidad es fundamental. Esta experiencia me ha ayudado a entender que no podemos hablar de igualdad de forma general si no tenemos en cuenta las distintas realidades que atraviesan la vida de las mujeres.
Las mujeres con discapacidad pueden enfrentarse a una doble discriminación: por ser mujeres y por tener una discapacidad. Pero además, esa desigualdad puede verse
agravada por otros factores como la edad, la situación económica, el tipo de discapacidad, la dependencia de apoyos o la falta de recursos accesibles. Por eso, la mirada interseccional me parece imprescindible.
Creo que una promoción de la igualdad que no tenga en cuenta la discapacidad se queda incompleta. Las campañas, los recursos, los espacios de participación, la educación, la prevención de la violencia y las políticas públicas tienen que ser accesibles y contemplar las necesidades reales de todas las mujeres. Esta experiencia me ha hecho ver que la igualdad debe ser inclusiva desde el principio, no como algo que se añade después.
¿Qué desafíos específicos has observado que enfrentan las mujeres con discapacidad?
He observado que las mujeres con discapacidad se enfrentan a desafíos muy importantes y, muchas veces, poco visibles. Uno de ellos es la invisibilidad social. En muchos discursos sobre igualdad no se habla lo suficiente de discapacidad, y en muchos discursos sobre discapacidad no se incorpora de forma profunda la perspectiva de género. Esto hace que sus necesidades específicas puedan quedar en un segundo plano.
También he visto que existen barreras en el acceso al empleo, mayor riesgo de dependencia económica, dificultades para participar en espacios sociales y políticos, y falta de representación en lugares donde se toman decisiones. Todo esto limita su autonomía y su capacidad de participación plena.
Otro desafío muy importante es la violencia de género. Las mujeres con discapacidad pueden tener más dificultades para identificar situaciones de violencia, pedir ayuda, denunciar o acceder a recursos de protección, especialmente cuando existen barreras de comunicación, dependencia de terceras personas o servicios que no están suficientemente adaptados. Además, me parece fundamental destacar la infantilización que muchas veces sufren. A veces no se reconoce plenamente su capacidad para decidir sobre su propia vida, su cuerpo, sus relaciones o su proyecto personal. Esto afecta directamente a su autonomía y a sus derechos.
¿Qué te gustaría llevarte a futuro profesional de esta experiencia?
De esta experiencia me gustaría llevarme, sobre todo, una mirada más consciente, más crítica y más comprometida. Me ha enseñado que trabajar por la igualdad implica mirar más allá de lo evidente y preguntarse quién está quedando fuera, qué barreras existen y qué cambios son necesarios para que todas las personas puedan ejercer sus derechos.
También me llevo la importancia del trabajo en red. En CERMIN he visto que muchas transformaciones no se consiguen de manera individual, sino coordinando entidades, escuchando diferentes voces, generando alianzas y trasladando propuestas a los espacios adecuados.
A nivel profesional, me gustaría aplicar todo lo aprendido en futuras intervenciones: planificar con sentido, tener siempre presente la accesibilidad, comunicar de forma clara, escuchar a las personas protagonistas y trabajar desde un enfoque de derechos, no desde la caridad ni el asistencialismo.
Me voy de esta experiencia con mucha gratitud y con la sensación de haber aprendido algo que va más allá de unas prácticas. CERMIN me ha ayudado a entender mejor qué tipo de profesional quiero ser: una profesional capaz de mirar la realidad con sensibilidad, pero también con criterio; con entusiasmo, pero también con responsabilidad; y con el compromiso de trabajar por una igualdad que sea verdaderamente real, accesible e inclusiva para todas las personas.


