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¿Y si hay algo que no se ve?

Hay personas que necesitan un asiento reservado y, sin embargo, cuando se sientan en él alguien puede pensar que “no les pasa nada”. Hay personas que necesitan determinados apoyos para desenvolverse en su día a día y que, a ojos de los demás, simplemente parecen “despistadas”, “lentas” o “poco sociables”.

Hay personas que viven con dolor, fatiga, dificultades cognitivas, dificultades de comunicación o determinadas necesidades de apoyo que no se perciben a simple vista. Y hay personas que, precisamente porque su discapacidad no se ve, tienen que enfrentarse una y otra vez a la misma pregunta, aunque nadie llegue a pronunciarla: ¿por qué necesita ese apoyo si, a simple vista, parece que está bien?

Desde el Comité de Entidades Representantes de Personas con Discapacidad de Navarra (CERMIN) queremos lanzar una pregunta a toda la ciudadanía: ¿Y si hay algo que no se ve?

Porque no todas las discapacidades se perciben a primera vista. Y lo que no vemos no significa que no exista.

Cuando pensamos en discapacidad, es frecuente que nuestra primera imagen esté relacionada con una silla de ruedas, un bastón, un perro guía o cualquier otro elemento o rasgo que nos permita identificar rápidamente una situación de discapacidad. Pero la realidad es mucho más amplia y diversa.

Existen discapacidades que pueden no presentar ninguna señal externa evidente. Es el caso, por ejemplo, de muchas discapacidades orgánicas, pero también de situaciones relacionadas con el autismo, la discapacidad intelectual o del desarrollo, la discapacidad sensorial (baja visión, discapacidad auditiva), la salud mental, el daño cerebral y otras realidades que no siempre son perceptibles para quién mira desde fuera.

La invisibilidad no significa ausencia de dificultades. En muchas ocasiones significa, precisamente, tener que explicar constantemente unas dificultades que los demás no pueden ver.

Porque que una necesidad no sea evidente para los demás no la hace menos real. Nadie debería tener que hacer visible su discapacidad, ni dar explicaciones sobre ella, para que sus necesidades sean respetadas. Si una persona manifiesta que necesita un apoyo, quizá el primer paso no debería ser preguntarnos si realmente lo necesita, sino confiar y actuar con respeto.

El peligro está en juzgar lo que desconocemos. En nuestra vida cotidiana tendemos a realizar interpretaciones rápidas. Vemos a una persona aparcando en una plaza reservada y pensamos que no debería estar allí. Vemos a alguien que no responde cuando le hablamos y pensamos que nos está ignorando. Vemos a una persona que necesita más tiempo, que se muestra desorientada o que reacciona de una manera que no comprendemos y atribuimos su comportamiento a falta de educación, desinterés o incluso mala voluntad.

Pero podemos estar equivocados y equivocadas. Detrás puede haber una discapacidad auditiva, una dificultad cognitiva, dolor crónico, fatiga, una discapacidad orgánica, un problema de salud mental o cualquier otra circunstancia que sencillamente no podemos ver.

Y ese es precisamente el mensaje que desde CERMIN queremos trasladar: no juzguemos una realidad que desconocemos. No conocemos su dolor. No conocemos su cansancio. No conocemos sus dificultades. No conocemos su discapacidad. No conocemos el esfuerzo que puede estar haciendo simplemente para realizar una actividad que para otras personas resulta cotidiana.

Por eso, antes de emitir una opinión, hacer un comentario o cuestionar a alguien, proponemos algo muy sencillo: para; piensa: Y pregúntate: ¿y si hay algo que no se ve?

Una sociedad inclusiva también se construye con nuestras miradas. La incidencia política es necesaria. Lo son las leyes, los recursos, la accesibilidad universal y las políticas públicas. Pero también necesitamos transformar algo que no aparece en ninguna norma: la mirada social.

Porque una sociedad verdaderamente inclusiva no es solamente aquella que elimina barreras físicas. También es aquella que elimina prejuicios, que no obliga a las personas a justificar constantemente sus necesidades y que entiende que no todo lo importante puede verse.

Necesitamos leyes, recursos, accesibilidad y políticas públicas. Pero necesitamos también una ciudadanía capaz de mirar de otra manera: con menos juicio, más respeto y más confianza.

La próxima vez que una situación nos genere dudas, antes de cuestionar, señalar o sacar conclusiones, hagámonos una pregunta: ¿Y si hay algo que no se ve? Porque no verlo no significa que no exista.